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Tras la pista del pan en Caracas

Son dos muchachos, no llegan a la mayoría de edad, humildes. Uno de ellos viaja con una niña, menor de dos años. La ropa de los tres se ve gastada y descolorida. Cada uno de los jóvenes lleva un koala, de su interior sacan billetes de 100 y frente a todos los transeúntes de un abarrotado Metro comienzan a contar. Al cabo de unos minutos uno le pregunta al otro: “¿cuánto hiciste?”. “Cerca de 15”, le responde el compañero. “Yo hice casi 18”, se dice a sí mismo. “Y ya se me acabó el pan”, remata el interlocutor.

Tras la pista del pan en Caracas

Son apenas las 11 de la mañana. En dos horas vendieron las bolsas que pudieron conseguir temprano. Chacaíto fue la zona de comercialización. Al preguntarles cómo consiguen la mercancía, solo responden: “Con panas”. Panas que horas más tarde les repondrán las preciadas canillas o los resolvedores “pan francés”, tan buscados y escasos en la ciudad capital en los actuales momentos. No importa cuál de los dos logren primero, son buena mercancía “para rematar”.

En esta Caracas de colas y productos importados ya es normal ver a los “bachaqueros” de pan. Una bolsa de tres canillas, que no debería llegar a los mil bolívares, es vendida en tres mil. Si son 10 panes pequeños, tipo “francés”, el costo asciende a mil 300 bolívares, aproximadamente, pero en manos de los nuevos vendedores informales la suma puede aumentar hasta los cinco mil. Pero igual consigue venta. En las panaderías no hay pan.

Ante esta nueva realidad y esta nueva clientela en ciertas panaderías, sobretodo del centro de la ciudad, se estudia la posibilidad de pedir carta de residencia a la clientela para evitar este tipo de usura. “Cada vez vemos más gente que no es de la zona y eso nos trae problemas con los vecinos. El poco pan que podemos vender alcanza menos y comienzan las discusiones y los conflictos. Vender el pan se ha convertido en una tragedia”, dice el dueño de un local que se negó a dar su identidad “para evitar problemas”.

De acuerdo con las resoluciones emanadas desde el Ejecutivo nacional el pan canilla y campesino deben tener un precio regulado de venta al público y debe ser priorizado entre los demás productos del local comercial. Para las autoridades nacionales es inadmisible que se venda pan dulce u otra mercancía que conlleve el uso de la harina de trigo y no se consiga la mercancía regulada, así lo indicaron varios voceros el pasado mes de marzo.

Hasta el presidente Maduro se pronunció al respecto e incluso dos comercios en el centro de Caracas fueron entregados por un período de 90 días a los Clap. La ocupación momentánea de Masion’s Bakery e Inversiones Rol 2025 generó malestar entre los vecinos de la avenida Baralt, quienes llegaron a protestar por la medida, lo que generó acciones por parte de la Guardia Nacional Bolivariana. Hoy esos locales tampoco producen pan, según se pudo apreciar con solo pasar por el frente del lugar y conversar con los residentes.

“Debemos garantizar que desde las 6:00 am hasta que cierre la panadería se haga pan canilla (...) los primeros panes deben venderse a más tardar a las 7:00 am”, informó en su momento el vicepresidente Tareck El Aissami, quien señaló que la utilización de la materia prima debe priorizar en un 90% la elaboración de pan canilla y el restante, 10%, ir a otros productos como cachitos y dulces. Según el alto funcionario con este mecanismo incluso debe quedar pan para la venta del día siguiente.

El precio del pan canilla está regulado entre 250 y 300 bolívares, de acuerdo con los anuncios visibles en las distintas panaderías. Sin embargo, en muy pocos establecimientos se apreció el pan como mercancía puesto en el mostrador. En los casos donde se consiguió el producto eran despachadas dos canillas ya metidas en su respectiva bolsa. En menos de media hora se salía de la mercancía y la cola desaparecía.

Un recorrido por diversas zonas de la ciudad capital demuestra que la realidad anunciada por el vicepresidente no se cumple. Los únicos lugares donde se consiguió la preciada mercancía en distintas horas fue en algunos locales del este de Caracas, donde se vende al público panes con orégano, con ajonjolí, con diversas presentaciones no tradicionales, con precios superiores a los tres mil bolívares.

En estos sitios no se observaron colas en la entrada de los establecimientos. Los dueños solo alegaron: “a mí el gobierno no me ha dado ni un gramo de harina regulada, yo compro en el mercado negro y no voy a perder mi dinero”.

En el caso del centro de Caracas, específicamente en la avenida Panteón, las colas comienzan a las 3:00 am y la venta del pan se produce cerca de las 7:00 am. En algunos locales a las 6.00 am ya entregan los números para el pan que saldrá a la venta a las 11 am. En otros casos desde las 10:00 am comienzan las personas a acercarse al local a la espera de la venta del mediodía. Un promedio de dos horas de cola previa hace el caraqueño para poder adquirir el alimento.

Es regular ver colas en estos establecimientos en determinadas horas del día, en algunos casos los milicianos son los llamados a mantener el orden y en otros los consejos comunales luchan para que no haya cola al frente del local.

“Yo no puedo tener cola en frente, porque enseguida llegan los del consejo a amenazarme con denunciarme. ¿Dígame cómo hago para que la gente no espere el pan?”, se pregunta el dueño de un local, que se reconoce obstinado con la situación. De hecho, para evitar inconvenientes con sus “molestos vecinos” —como llamó a los miembros del Consejo Comunal— cuando observa que tiene más de 20 personas a la espera sale y dice que se acabó el pan y a la media hora vende lo que le queda. Afirma que desde las últimas regulaciones la situación se puso peor.

Andrea Alzolay realiza la cola con su familia desde las tres de la mañana. Hasta hace dos semanas bastaba con llegar a la panadería a las 5:00 am, pero la situación cada vez es más difícil, como ella misma reconoce. “No me queda de otra, no tengo harina pan para solucionar el desayuno y la cena de mi hija. Cuando consigo un poquito de harina igual me toca rendirla”, se queja entre varios vecinos que respaldan su posición, cansados de la situación.

Varios aseguran que igualmente significa una renta para el bolsillo el tener que gastar más de mil bolívares diarios, porque “dos o tres canillas si acaso cubren la cena de mi familia, pero no da para más”. La mujer, cuya hija de cinco años la espera dormida a pocas cuadras en el interior de su casa, reconoce que su presupuesto no le da para comprar el pan bachaqueado. “Si acaso la harina pan”, admite con gran molestia.

Por su parte, Ingrid Espinoza desde el este de la ciudad entiende que el dueño de una empresa no va a vender a perdida, ella procura llegar a la panadería antes de las 11 de la mañana a ver si logra por lo menos solventar la cena de sus hijos, aunque “últimamente solo sacan pan sobado, flaco y a dos mil bolívares, ese no me sirve”, se lamenta.

Por ello, lo primero que hace al llegar al local es preguntar qué va a salir. Cuando la canilla le da el paso al pan andino o al sobado con un precio muy superior se da media vuelta hasta su casa, pensando en qué cocinará para la noche o el desayuno del día siguiente. Reconoce que la arepa tiene gran peso en su dieta, pero también tiene semanas que —a pesar que llega a las 4.00 am al supermercado— no consigue la consabida harina de maíz precocida.

En el oeste la situación no es distinta. El dueño de una panadería de la avenida San Martín informó que la distribución de la harina es muy irregular, lo que afecta notoriamente la realización del pan y por la zona donde se encuentra está más expuesto a las fiscalizaciones de la Sundee.

“No ha sido fácil adaptarnos a esta nueva problemática que estamos viviendo, la harina no tiene fecha de llegada, lo que implica que no podemos distribuir pan con normalidad. A su vez tenemos estipulaciones que nos restringe la cantidad de pan que tenemos que hacer por día. Mi familia vive muy angustiada por lo que puede sucederme y por lo que puede sucederle al negocio, he pasado noches sin dormir a causa de la situación”, afirma el dueño del local que hace poco se vio amenazado por saqueos; sin embargo, los propios vecinos lo resguardaron.

Fuente: Panorama

AM

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