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Bruselas redescubre a Doisneau, el fotógrafo del polémico "Beso" de París

Si hay una imagen convertida en símbolo de París es el "Beso de l'Hôtel de Ville" de Robert Doisneau, una fotografía que resurgió décadas después con una gran polémica y que, si bien supuso el reconocimiento internacional del artista, eclipsó gran parte de su obra, que sale a la luz ahora en Bruselas.

Bruselas redescubre a Doisneau, el fotógrafo del polémico "Beso" de París

Una instantánea que forma parte de una serie encargada por la revista "Life" sobre el amor en París, que llegó a los tribunales en un conflicto que "apenó mucho" al artista, explicó hoy a Efe la comisaria de la exposición, Claire Leblanc, en el Museo de Ixelles de Bruselas hasta el próximo 4 de febrero.

La imagen que tomó Doisneau (1912-1994) frente al ayuntamiento de París en 1950 se convirtió en una de las más populares de la historia de la fotografía, pero no inmediatamente, sino tres décadas después, cuando una empresa la rescató en los ochenta en un cartel publicitario.

Una década después, el autor se vio envuelto en un aluvión de críticas que cuestionó su autenticidad como artista, cuando la pareja protagonista de la imagen le reclamó derechos.

Para la serie, Doisneau contrató a un actor que acudió a la sesión con su novia, una pareja real que posó por toda la ciudad, y compuso un universo mágico del París de la posguerra, una puesta en escena que para muchos críticos era contraria a la esencia de la fotografía y ponía en tela de juicio la capacidad del artista de captar un instante de manera espontánea.

"Doisneau sufrió mucho por esa crítica porque para él era normal escenificar, puesto que le habían pedido ilustrar un tema preciso, y nunca escondió ese hecho", explica Leblanc sobre esta imagen, "construida pero también realista, real y absolutamente simbólica y sintomática de la realidad de la época".

Doisneau ganó finalmente el pleito en 1993, un año antes de su muerte, una circunstancia que le devolvió fama aunque "el éxito de esta foto quizá ha escondido un poco su obra" y, según la comisaria, "puede que la polémica no haya ayudado a comprender bien su obra".

Por eso el visitante tiene que buscar para encontrar la imagen en la sala, que no se destaca especialmente, y puede así contraponerla a otras de las instantáneas de esa serie de amor parisino, como "Le square du Vert Galant", menos conocida, en la que la misma pareja aparece esta vez en segundo plano, besándose a orillas del Sena.

La muestra repasa las grandes temáticas de la obra de Doisneau, como la infancia, a la que se acercó por su timidez a fotografiar rostros adultos, que superó más avanzada su carrera con imágenes como "Mademoiselle Anita" (1951).

Doisneau es París, donde realizó gran parte de su obra, pero sus hijas, que gestionan los 450.000 disparos que componen sus fondos, han sacado a la luz un encargo para la revista "Fortune" que nunca vio la luz en Europa y supuso su primera serie en color, algo que no podía realizar por cuenta propia por el elevado coste de los negativos.

Se trata de"Palm Springs" (1960), que revela a un Doisneau "inesperado" en los Estados Unidos del boom industrial y la efervescencia económica, y recoge la excentricidad de los nuevos ricos en una California dorada.

"Doisneau captó el aire de su tiempo de manera extremadamente lúcida, sin crítica, algo que le caracteriza como artista. Cuando plantea una critica lo hace con humor, con diversión, en broma, no entra nunca en discursos acusadores, solo hace cosquillas", según Leblanc.

El otro gran eje de la exposición se compone de los retratos de artistas que el parisino -nacido en la "banlieue", en Gentilly, que también impregnó su obra- realizó para otros encargos, y con los que creó grandes vínculos: entre ellos, se adentró en los talleres
de Le Corbusier, Giacometti y Picasso.

Fue Doisneau el autor de uno de los retratos más famosos del pintor malagueño, "Los Panes de Picasso" (1952), en el que sus manos, escondidas debajo de la mesa, son en realidad dos panes con cuatro dedos, imagen que el propio fotógrafo describió "como un genio en una cocina".

Una mirada traviesa, poética, positiva, "una burbuja de felicidad", según Leblanc, en la que la sociedad acelerada de hoy busca también sumergirse: la exposición, la última del pequeño Museo de Ixelles antes de que cierre tres años por reformas, es ya la más visitada de sus 130 años de historia.

EFE / LR

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