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Más de 43 mil personas cruzan a diario en migración masiva hacia Colombia

Dos familias venezolanas se reunieron en el albergue temporal para migrantes en Cúcuta, Colombia, para conversar con David Beasley, el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (WFP), sobre sus vidas ahora y lo que dejaron atrás en Venezuela. Poco después se unieron más personas, ansiosas de compartir sus historias.

Más de 43 mil personas cruzan a diario en migración masiva hacia Colombia

Hablando de manera muy enfática y marcando sus palabras con sus manos, una señora de mediana edad explicó su dilema: “Hambre, hambre, hambre” es el motivo por el cual dejó su país. Una madre, cargando a su bebé en brazos, dijo que su hija malnutrida había estado hospitalizada por neumonía en Venezuela, donde no había comida e insumos médicos. En tan solo una semana, nos dijo, habían muerto 10 niños. En el mes que llevan en Colombia, el peso de su hija aumentó de 5 a 11 kilos.

Uno después de otro, los migrantes fueron hablando sobre la falta de comida y medicina en su país. Ellos explicaron que aun cuando había comida, no les alcanzaba para comprarla por su costo elevado. Mencionaron que la situación empezó a empeorar hace un año atrás. Una mujer dijo que muchos niños no iban a la escuela porque sus familias no podían cubrir los gastos y no sirven meriendas escolares.

Un señor resumió la situación: “No hay nada en Venezuela, y nos vimos obligados a irnos.”

De acuerdo con Migración Colombia, más de 1 millón de venezolanos han cruzado la frontera y unos 660,000 han permanecido en Colombia. Cada día más de 43,000 venezolanos y colombianos retornados cruzan el puente Simón Bolívar, que conecta las ciudades de San Antonio del Táchira y Cúcuta. Este es uno de 7 puntos de entrada legales; existen más de 110 cruces o entradas ilegales.

Las personas vienen en busca de comida y medicina, como también el dinero para comprarlas. La mayoría se regresa a Venezuela; el resto se queda en Colombia o siguen hacia Ecuador, Perú o más allá. Hay buses que los esperan en la frontera, como también personas que desean abusar de ellos . Llos migrantes corren el gran riesgo de ser reclutados para grupos armados o de ser obligados a realizar actividades ilegales.

¿Cruzaremos el punto crítico?

Durante su visita al puente el día 12 de marzo, el Sr. Beasley escuchó los relatos de padres, madres, familias y trabajadores. Un hombre junto a su esposa y empujando un cochecito le dijo que quería comprar leche en polvo para su hijo, que a pesar de que la producían en Venezuela, solo estaba disponible y era ac-cesible fuera del país. El señor se quejó del hecho de no poder obtener esta leche a través del programa de protección social venezolano.

Una mujer junto a su esposo, dos hijos en cochecito y dos un poco mayores junto a ella, compartió que ella perdió su trabajo de doméstica cuando la situación económica empeoró. Estaba vendiendo dulces con su familia en Cúcuta para obtener comida.
Un hombre de regreso a Venezuela dijo que tenía un trabajo a 8 horas de distancia, pero su salario no era suficiente para cubrir sus necesidades. El señor cruza una o dos veces por mes. En esta ocasión se llevaba aceite vegetal, harina, harina pan y arroz. El dio el ejemplo de que una bolsa de harina pan, esencial en la dieta venezolana, cuesta el equivalente al salario de una semana de un obrero.

Luego de ver esta situación con sus propios ojos, escuchar estas desgarradoras historias y reunirse con el Presidente de Colombia y algunos miembros de su Gabinete, Beasley sonó la alarma:
“En Colombia, en la frontera, hay una crisis humanitaria. Es catastrófico y va a empeorar si no se hace algo al respecto.”

Comparó esta crisis con otras que había visto alrededor del mundo, y dijo que “empieza a cuenta gotas y sin darnos cuenta va de un par de cientos de miles a un millón de personas. Luego llega al punto crítico en donde se convierte en millones de personas.”

Apeló a los líderes mundiales a que brindaran su apoyo de manera inmediata “para que las mujeres y los niños puedan comer y cubrir sus necesidades básicas”. Beasley dijo que los venezolanos necesitan ayuda urgente y que el mejor lugar para empezar es Colombia, un país que ha avanzado mucho en el proceso de paz y que está haciendo su mejor esfuerzo por eliminar el hambre. Colombia no puede con esta carga por sí sola . La crisis es tan grande en la frontera que podría desestabilizar la región.

Beasley dijo que el WFP se compromete a apoyar al Gobierno de Colombia para lidiar con esta afluencia sin precedentes de migrantes, la cual supone un gran peso para el Gobierno y los colombianos, quienes, de manera generosa, han acogido a los venezolanos. A solicitud del Gobierno, el WFP trabajará en conjunto con el resto de la ONU para desarrollar un plan de respuesta integral.

Actualmente, el WFP trabaja conjuntamente con la ONU, la Iglesia Católica y ONGs en los departamentos fronterizos de Arauca, Guajira y Norte de Santander para brindar asistencia alimentaria a los migrantes y retornados de manera inmediata y a largo plazo. Se enfoca en las mujeres, niños, adultos mayores y personas que viven con discapacidades. Asimismo, se les brinda prioridad a los emigrantes e indocumentados. Se está preparando un plan para expandir el programa, llegar a más personas e incluir alimentación escolar.

Fuente: Historias WFP

RA

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