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La frustración, el fracaso y la cansada retórica de los comunistas


Dos figuras que representan al comunismo más recalcitrante en el municipio Piar

Algo que resulta sorprendente, o más bien inexplicable, es que la izquierda marxista, que sufre frustrada por los tantos descalabros vividos y que no acaba de asimilar, principalmente la sorpresiva y estrepitosa caída del imperio soviético y sus satélites europeos; la apertura China, Vietnam y Camboya al capitalismo “salvaje”, y la tímida entrada reciente de Cuba al ruedo capitalista, –luego de más de 50 años insistiendo en el fracaso socialista–, tenga todavía a sus seguidores históricos, utilizando la misma retórica memorizada, usada décadas atrás cuando estaban en su apogeo con sus utopías ideológicas.
Tal contrasentido demuestra que esos izquierdistas fanatizados y estancados en aquel pasado de enajenante romanticismo ideológico no aprenden de la experiencia. Podríamos decir como se dice popularmente, que son “cabezas duras” o “no cogen cabeza”… o que “ahí no hay sesos”.
Y es que el razonamiento no existe en esos dinosaurios que no acaban de liberarse de esas utopías que llevaron trágicamente a la materialización en Rusia en 1917 de la funesta y fracasada Revolución de Octubre, fenecida en 1989 luego de 72 años de azarosa existencia.
Revolución marxista ésta, dirigida por Vladimir Lenin, y la que originó la formación del imperio comunista bautizado como la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas, –URSS– y el surgimiento del Bloque Socialista, – junto a sus satélites europeos auspiciados por la misma URSS– los países comunistas del centro y la Europa del Este, que lamentablemente llevó muchas penurias y estancamiento a esa parte de Europa.
Luego se produjeron, -guiadas por la misma quimera–, la revolución China, la de Vietnam, Camboya, Corea del Norte y la cubana entre otras, las que en su conjunto, ocasionaron a la humanidad inmensas calamidades, división y odio de “clases”, intensas y exterminadoras represiones políticas, escasez, hambrunas, millones de exiliados políticos, y otros tantos millones de muertos entre otros crueles sufrimientos.
Aun con esa amarga experiencia, que demostró que el comunismo, como sistema totalitario, es el invento político más frustrante y dañino para su feliz existencia, que haya podido experimentar la raza humana en toda su historia, los comunistas insisten en el mismo discurso, promoviendo y tratando de reimponerle a la humanidad el tenebroso comunismo y en seguir combatiendo, hipócrita o fanáticamente, en teoría, al odiado capitalismo…, al “imperialismo yanqui”.
Todo eso, al tiempo que en la práctica, los escasos países con gobiernos comunistas lo introducen –el capitalismo– ansiosamente, abriendo sus economías al tan vilipendiado libre mercado y al tan denunciado y ácidamente criticado consumismo, y lo que es peor, a las grandes y largamente repudiadas, corporaciones estadounidenses y de otras naciones capitalistas ¡Cuanta hipocresía!
Por otra parte, con su cansada retórica, los comunistas, también se dan a la despreciable tarea de justificar la represión y los crímenes que comenten sus gobiernos dictatoriales, los que ahora –algunos de ellos– se cubren de un manto democrático, ya que han logrado en algunos países colarse en el poder por medio de elecciones, como en Venezuela, por ejemplo, país donde inmediatamente tomaron el poder, empezaron a tejer metódicamente, por medio de la manipulación, la telaraña del totalitarismo, que ya cumple 20 años con un largo rosario de abusos dictatoriales, escasez, inflación y una fuerte represión política, que ha llevado al calabozo a varios importantes líderes democráticos de la oposición.
Otro tanto sucede con el empresariado, que varios están detenidos y otros perseguidos, mientras algunos han tenido que huir del país para evitar ser detenidos y posiblemente sentenciados a muchos años de cárcel, en un país donde no existe un verdadero Estado de derecho, acusados de una supuesta guerra económica, especulación y acaparamiento; lo que demuestra la gran represión político–ideológica y anti–empresarial, desatada por el chavismo, primero por su mentor Hugo Chávez y en la actualidad por su heredero, el brutal Nicolás Maduro.
Todo con el fin político de eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción para finalmente estatizar y colectivizar la economía y así ejercer el control total del país, cosa que en su intento está llevando la nación a la ruina.
De ahí que aparte de todo lo expuesto, si le sumamos las complicidades del chavismo con regímenes y organizaciones ligadas globalmente al terrorismo islamista, comunista, y al narco tráfico, no es de extrañar que se denuncie a ese perverso gobierno, como una amenaza latente para la seguridad de EEUU y otras naciones que también se ven afectadas por esas alianzas con los peores intereses del planeta, y otras andanzas sospechosas de ese régimen fantoche.
Para los tergiversadores, y los que han mal interpretado las sanciones estadounidenses contra esa dictadura de nuevo cuño, hay que alertarles, que en dichas medidas, no se ha hablado de una amenaza militar. Ya que a Estados Unidos jamás podría pasarle por la cabeza que ese país podría amenazarle militarmente.
Y es que aun con todas las multimillonarias inversiones del chavismo en armamentos rusos, el apoyo de Cuba, de todas las republiquetas bananeras que componen el ALBA, y toda la ridícula fanfarronería de Maduro, Venezuela, no tendría capacidad de enfrentarse siquiera con su vecino colombiano y mucho menos con la primera potencia militar del planeta, que de proponérselo realmente, derrocaría a ese gobierno en un santiamén.

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