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La “economía de acera” crece y se reinventa

Desde temprano, manteleros, revendedores, “compra y cambio” y truequeros invaden las aceras de la avenida Baralt y calles aledañas, hasta el mercado de Quinta Crespo, en busca del rebusque que les permita resolver para la comida. La cantidad de personas dedicadas a este modo de subsistencia ha ido en aumento desde el inició la cuarentena

Así, como sacada de una escena de la trilogía Los juegos del hambre, en la que varios participantes -sin libertad y en la pobreza- son obligados por un poder tiránico a luchar a muerte para subsistir en medio de un ambiente hostil, se encuentra la avenida Baralt de Caracas y las calles aledañas, con el creciente número de personas que salen, a diario, a reinventarse como supervivientes de una economía en declive, que ha empeorado desde la llegada del coronavirus al país.

Ante el decreto de cuarentena y la extensión de esta como medida preventiva contra el contagio de covid-19, muchas personas salieron a las calles a trabajar como podían, para conseguir el sustento diario, que muchos dejaron de percibir tras el cierre temporal de comercios de rubros y servicios prescindibles.

No obstante, la crisis de la economía que azota al país y que cercenó, desde hace mucho, toda posibilidad de ahorro de los ciudadanos, los obliga  a iniciar un “emprendimiento de resuelve” con lo que tienen en casa, dando paso a una “micro economía de acera” donde se compra, vende y revende, casi cualquier cosa.

Desde las 6:00 de la mañana, manteleros, revendedores, “compra y cambio”, truequeros y afines abarrotan calles y aceras desde la Plaza Miranda hasta el Mercado de Quinta Crespo y más allá, en busca de cualquier chance que les que les permita llevar algo de comida para su hogar.

“La mayoría comienza desde cero”, dice Yakeline Márquez, mantelera desde hace 7 años, o como ella misma dice, “desde que Maduro llegó”. La mujer de 47 años, que exhibía frente al Mercado de Quinta Crespo tres libros, una tablet con la pantalla partida, una estampita del doctor José Gregorio Hernández y muchos almanaques de bolsillo de los años 80, relató que fue gerente de una tienda de Tecniciencia por más de 10 años.  En el 2013, la tienda cerró y perdió su empleo y desde entonces está en la Baralt trabajando en la economía informal.

Cuenta que empezó buscando en casa cosas que pudiera vender, cambiar por dinero o comida y así poder llevar alimentos para sus tres hijos menores de edad.  Aseguró que siempre se vende algo que le permite llevar a sus hijos aunque sea un kilo de arroz. “Los mejores clientes son los viejitos, porque compran cualquier cosa y hasta hacen encargos de medicinas, principalmente”, manifestó.

La variedad de objetos es infinita. Se pueden conseguir desde frascos vacíos de perfume, ropa, hasta juegos de llaves y dados para mecánica automotriz.

Economía de resuelve

“Como la principal lucha que tenemos aquí es contra el hambre y esta siempre regresa, cazamos cualquier chance que nos permita avanzar y estar en otro nivel”, dijo un joven que hace trueques con productos de la caja CLAP por otros alimentos, dinero, o lo que llegue primero. Detalló que, para poder progresar en este “sistema de resuelve”, al que cada día se suman más personas, hay que ponerle y superar, al menos cuatro niveles de rebusque, para poder procurarse una media estabilidad económica  y menos improvisada.

Los que no tienen ni para invertir en cigarros o café, comienzan como manteleros, que sería el primer eslabón de esta cadena con su “comercio de piso”, en el que se acepta casi cualquier cosa como forma de pago. Pese a que este grupo es de los más grandes, en cuanto a personas dedicadas a esta actividad en varias zonas de Caracas, irónicamente, es el más invisible e ignorado, pues muchos de los consultados manifestaron no recibir ninguno de los beneficios que entrega el gobierno, como  bonos o las cajas del CLAP.

En otra escala del resuelve en esta economía en crisis están “los truequeros” y “los compra y cambio”, que se dedican al canje y comercio de varios rubros y los revendedores que cambian 5 productos de la caja CLAP, por medio cartón de huevos. Cabe destacar que, ante la falta de dinero por la crisis económica, la pandemia, el desempleo, la hiperinflación, devaluación, dolarización de precios, mas no de salarios, los rubros de la caja son usados como moneda de curso legal, en calles y sectores del oeste caraqueño.

Pero, como dice el pasaje bíblico, “no solo de pan vive el hombre” y hay gastos que precisan pago con dinero contante y sonante como transporte, gas doméstico, agua potable y medicamentos, por lo que muchos analizan las necesidades principales de la gente y en ese resultado basan su decisión sobre qué vender y dónde. De este modo, esperan invertir en lo que les permita subir de escalafón y mejorar sus ingresos.

Y los “cloreros”

“El jabón líquido y cloro de fabricación casera son muy buscados para prevenir el coronavirus. Nosotros cambiamos un litro de cualquiera de los dos, por un producto de la caja CLAP”, dijo uno de los llamados “cloreros”. Señaló que cuando sale todo el jabón y cloro no hacen trueques con lo conseguido, sino que lo vende y compra algo más comercial, que salga más rápido y en efectivo. Él, igual que muchos, recorren Petare, Catia y La Vega los fines de semana y los lunes, con algo de suerte y mucho sacrificio, compra en el Mercado Principal de Coche, alguna cesta de plátanos, cambures, mango o ciruela, que revende en Quinta Crespo. “Si te comes los reales empiezas de cero”, afirmó el vendedor.

De este modo, miles de venezolanos improvisan su día a día, sus oficios, su vida. Tal vez, el nivel más alto en el sistema de resuelve con el que puede soñar este sector de la sociedad, después de tantas vueltas para sobrevivir a la devastada y maltrecha economía venezolana, es comprar una cesta de lo que puedan pagar, que les permita un ingreso mayor al de los 4 dólares, equivalentes al reciente incremento del salario.

RECUADRO

Desprotegidos

Alberto Padilla, presidente de la Asociación de Trabajadores, Emprendedores y Microempresarios (Atraem), señaló que en Venezuela, país donde predomina la informalidad, existen al menos 7 millones de personas dedicadas al comercio informal y que aproximadamente la mitad de ellos están en Caracas.  Recalcó que este gran número de personas dedicadas a este modo de supervivencia, no tienen protección social. “Si faltan al trabajo no tienen compensación alguna, si se enferman no cuentan con un seguro médico que los respalde”, sostuvo Padilla.

Manifestó que, muchos de los que conforman este sector de la sociedad, son personas que  provienen de diferentes escalas y entre ellos “hay gente que tiene ganas de luchar y avanzar, unos están sobreviviendo y otros vienen de trabajos formales pero, todos tienen en común la  fuerza y el  ímpetu para enfrentar la realidad, aún en circunstancias adversas como las actuales”.

Resaltó que en estos momentos la población necesita que se les presenten propuestas, por parte del gobierno y los poderes públicos, para que se pacte una manera de brindar protección y seguridad social y laboral a este sector  y proteger a los que no perciben ingresos , sino que viven del día a día.

Zulvyn Díaz/Tal Cual

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