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En la fábrica de bebés de MSF en Afganistán, donde se "salvan vidas"

Upata Digital | 10:25 a.m. | 0 comentarios

La madre llega a las 09H30 y cinco minutos después ya ha dado a luz en la unidad de maternidad de Médicos Sin Fronteras (MSF), en el sureste de Afganistán, donde se producen hasta 90 partos diarios, lo que la convierte en una de las más activas del mundo.

En la fábrica de bebés de MSF en Afganistán, donde se "salvan vidas"

Las primeras horas de la mañana son las más febriles en el Khost Maternity Hospital, que la oenegé apoda cariñosamente su "baby factory", su fábrica de bebés, a dos pasos de las zonas tribales de Pakistán, en la provincia de Khost.

La noche anterior, cuando empezaron las primeras contracciones, Asmad Fahri, de 25 años, sabía que tendría que esperar al alba para emprender las tres horas de viaje, pues las carreteras de la zona son peligrosas por la noche, por la presencia de los talibanes y de la red insurgente Haqqani.

Pero ahora, por fin, descansa sonriente con su bebé dormido entre sus rodillas.

En el ala opuesta, las mesas de parto acogen sin interrupción nuevas pacientes. A la mayoría solo les ha dado tiempo a quitarse el vestido y las joyas, con el velo entre los dientes, sin siquiera poderse poner el pijama rojo de MSF.

24.000 bebés al año

Abierto a finales de 2012, el Khost Maternity Hospital (KMH) se vio rápidamente desbordado por su éxito.

En su primer año completo, 2013, registró casi 12.000 partos. Cuatro años después, en 2017, 23.000. Para 2018, podrían alcanzarse los 24.000, según la doctora Rasha Khoury, ginecóloga palestina y responsable médica del sitio.

Con 2.000 nacimientos al mes, en el KMH llegan al mundo casi tantos niños como en la principal clínica de maternidad de Estados Unidos, el Northside Hospital de Atlanta, que registró 27.000 partos en 2016.

En comparación, en la clínica de maternidad más grande de Francia metropolitana, en Lille (norte), nacen menos de 500 bebés al mes.

"Aquí salvamos vidas y lo hacemos gratuitamente", afirma Safia Khan, de 24 años, responsable adjunta del equipo de matronas.

Tras ella, una joven madre de gemelos rebusca entre su falda y le da un billete doblado a la matrona. Un gesto tradicional de gratitud tras el parto, exigido a veces en algunos hospitales pero que aquí se declina educadamente. "Está prohibido", insiste Safia.

MSF se instaló en Khost para acoger los casos complicados y reducir la mortalidad materna, muy alta en el país 17 años después de la caída del régimen de los talibanes.

Aunque algunas cifras apuntan que hay 390 muertes por cada 100.000 nacimientos, las estimaciones sobre el terreno son mucho menos optimistas, y señalan que habría hasta 1.290 muertes por cada 100.000 partos, lo que situaría al país en lo más bajo de las clasificaciones mundiales, pese a las ayudas internacionales.

Seis años después de su fundación, "MSF asegura el 40% de los nacimientos de la provincia", incluyendo un 12% de casos complicados que necesitaron una intervención, para una población estimada de 1,5 millones de habitantes, según Khoury. "Harían falta tres hospitales como el de MSF", indica.

La oenegé aporta su apoyo al hospital público de Khost y, desde 2015, a cinco ambulatorios de distritos en los que los partos pasaron, de media, de 60 a 200 al mes.

Pashtunwali

MSF emplea a 430 afganas en Khost, incluyendo 80 matronas, y una quincena de expatriadas, muchas de ellas obstetras, de los que faltan en el país.

El personal médico es exclusivamente femenino, excepto por algunos anestesistas y el director del servicio de neonatología. Y es que, en el corazón del país pastún más conservador, una mujer jamás muestra su cara a un extranjero.

Instalarse en Khost implicó ajustarse a la mentalidad y la estricta segregación entre hombres y mujeres dictada por el pashtunwali, el código de honor en vigor, recuerda Salamat Khan Mondozai. Esta figura local respetada se encarga de las relaciones con la comunidad local y "todos los actores" de la región, incluso los más peligrosos.

"Nunca nos han amenazado", comenta, satisfecho.

Con todo, muchas mujeres siguen optando por dar a luz en casa, pues ir al hospital las incomoda, explica Safia Khan.

Las mujeres tienen que esperar a que un hombre de la familia pueda acompañarlas, pues la tutela masculina es ineludible.

Pero, dentro del hospital, el poder recae en las suegras, que escoltan a las parturientas y las animan hasta la puerta de la sala de partos. AFP / RA

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