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El zoo de Karachi en Pakistán intenta dar la espalda a su pasado colonial

Una leona blanca africana observa vagamente a los espectadores que se arremolinan en torno a su jaula: su extraordinaria piel pálida está salpicada de manchas grisáceas causadas por una enfermedad cutánea que supuestamente tiene cura. Al menos, en teoría.

El zoo de Karachi en Pakistán intenta dar la espalda a su pasado colonial

Pero el zoo de Karachi, una caótica megalópolis portuaria del sur de Pakistán, no cuenta con veterinarios que cuiden de sus más de 850 animales, muchos de los cuales viven en jaulas construidas hace más de un siglo.

El zoológico abrió en 1881, durante la era colonial británica, que se saldó con el nacimiento de India y de Pakistán en 1947. El centro alberga principalmente tigres, elefantes, chimpancés, aves y reptiles.

Sin embargo, "solo tenemos dos veterinarios y tres auxiliares. Esto no es en absoluto suficiente", señala el director del lugar, el doctor Mansoor Ahmed Qazi, que lleva mucho tiempo intentando que envíen un tercer veterinario al parque.

El Ayuntamiento de Karachi, una ciudad de más de 20 millones de habitantes lastrada por los problemas en la red de alcantarillado, el mal estado de las carreteras, el tratamiento de residuos y la seguridad, aceptó iniciar unas obras de renovación en una parte del zoo.

"Es una pena que falte tanto personal en el zoo y que este, por lo tanto, no pueda cuidar a los animales", lamentó Hamaira Ayesha, experta de la oenegé Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF) en Karachi.

Y no es el único zoo de Pakistán en estas condiciones.

En la capital, Islamabad, mejor dotada en materia de infraestructuras, el parque zoológico local es objeto de numerosas críticas por el trato de su único elefante, Kaavan, al que tienen encadenado.

Y el nuevo zoo de Peshawar (noroeste), inaugurado en febrero, admitió que 30 de sus animales murieron al ser transferidos o en cuarentena, entre ellos, tres cachorros de leopardos de las nieves, muy escasos.

"Los efectivos del zoo de Peshawar son claramente insuficientes y les falta formación", reconoce el portavoz del zoo, Naimat Khan, a la AFP.

"Crueldad"

Las leyes del país apenas velan por el bienestar de los animales.

"Pakistán no tiene ninguna legislación sobre los zoos, lo que no facilita la mejora de los estándares" sobre el bienestar de los animales, subraya Ayesha, de WWF.

De hecho, la ley más reciente sobre crueldad hacia los animales se remonta a 1890.

En Karachi, el zoo, donde habitan ficus, bananos y tamarindos centenarios, también padece la injerencia de las empresas privadas en su suelo.

"Se tiran piedras y basura desde las tiendas a los recintos de los animales. Es una crueldad", lamenta Faheem Zaman, exdirector de la administración municipal, la Karachi Metropolitan Corporation.

Los visitantes tampoco se quedan cortos, y algunos lanzan objetos a las jaulas.

Un día, uno lanzó un pañuelo con un trozo de alambre enrollado alrededor a los pies de una avestruz, que se lo tragó, recuerda un responsable del zoo. "El largo cuello de la avestruz acabó muy herido y tuvimos que operarla", cuenta la zoóloga y directora adjunta del parque, Abida Raees.

Al menos, uno de los jóvenes chimpancés, Raju, se ha revelado capaz de desembalar los briks de jugos de frutas que le lanzan los espectadores y de bebérselos con una pajita.

"Le pedimos a los visitantes que no se comporten así con los animales", afirma Raees.

Pero los periodistas de la AFP no vieron ningún cartel en el que se prohíba a los visitantes alimentar a los animales.

Conceptos victorianos

Aún así, se han emprendido esfuerzos para renovar la parte noroeste del parque y hacerla "más humana y acogedora para los animales".

Las obras empezaron hace un año pero avanzan a trompicones y no parece que vayan a estar terminadas antes de la fecha prevista, en 2019.

El proyecto (presupuestado en 800 millones de rupias, 5,6 millones de euros) prevé sustituir las viejas jaulas obsoletas por recintos cerrados secos o húmedos, más parecidos al hábitat de los animales.

Zain Mustafa, un consultor que revisó con su equipo ocho zoos de distintos países para estudiar sus métodos de gestión, espera que con la medida los animales se encuentren mejor.

"Los viejos conceptos de la era victoriana consistentes en encerrar a los animales salvajes para exhibirlos, como juguetes o fuente de diversión, ya están superados", apunta.

"Los estudios han demostrado que los animales tienen emociones, que sienten la soledad o la depresión si están en cautividad o en un entorno artificial". AFP / RA

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