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¿Eres víctima o victimista? Te damos la respuesta

Todos nos quejamos a diario de algo. Sobre todo de asuntos livianos, del tráfico, de la climatología o de que no funcione un electrodoméstico. Expresando en voz alta lo cansados o hartos que estamos de esto o aquello nos descargamos ligeramente de las tensiones diarias.

¿Eres víctima o victimista? Te damos la respuesta

Son tics a los que no hay que darles la menor importancia, salvo si las verbalizaciones son demasiado frecuentes y nos influyen negativamente.

El problema surge cuando esas quejas son producto de situaciones de mayor trascendencia en nuestras vidas: problemas de pareja, económicos, emocionales o de relación. Entonces debemos analizar, dependiendo de la gravedad de caso, si es preciso con ayuda de un profesional de la psicología, si somos víctimas, victimistas o ambas cosas.

El victimista es alguien que está absolutamente seguro de que los demás, el otro -ya sea el entorno, las situaciones o las personas que la protagonizan- son los responsables de lo que a él le ocurre.

El victimista cree que no tiene responsabilidad ni control sobre lo que le sucede, y que es injusto lo que le pasa, por lo que no tiene que reaccionar, en el sentido de realizar cambio alguno. Son los demás o las circunstancias las que tienen que cambiar.

Por ejemplo, cree que en el trabajo no le ascienden porque no ha tenido las oportunidades adecuadas, porque hay un jefe al que no le cae bien o porque sus circunstancias personales no se lo permiten.

Estas personas no son realmente conscientes de que lo que están haciendo, de que su perspectiva es errónea, de ahí que sea muy difícil modificar esta postura sin ayuda profesional. Digamos que, paradójicamente, se convierten en víctimas de su propio victimismo al no lograr interpretar la realidad de manera correcta.

Por supuesto, el victimista también puede haber sido o ser víctima. Se da el caso de personas que han recibido abusos durante un período de su vida y han llegado a incorporar en sus esquemas cognitivos y valores personales que son incapaces de controlar lo que puede suceder, sintiéndose totalmente vulnerables a las circunstancias.

Experimentan así, que su bienestar personal depende de cómo se encuentre o encuentren las personas que realizan el abuso.

También puede suceder que a lo largo de su vida hayan ido aprendiendo a través de sus experiencias, tanto negativas como positivas. Puede ser que hayan intentado controlar y no haya tenido éxito, lo que avala este tipo de patrones.

A veces se trata simplemente de comportamientos aprendidos en la familia. Cuando somos niños una gran parte de nuestro aprendizaje viene determinado por los valores, las acciones y las verbalización de nuestros familiares.

Por lo que si en nuestro núcleo de relación más cercano tienen este estilo de afrontamiento ante las diferentes situaciones, tendremos más probabilidad de incorporarlo a nuestras vidas.

El primer paso para ayudar a cambiar este estilo de afrontamiento es tomar conciencia que esta tendencia de interpretación errónea puede cambiarse y uno puede asumir el control sobre sus estados emocionales.

A continuación hay algunas características que te pueden ayudar a saber si tienes este estilo o alguna persona cercana lo tiene:

• Cuando se encuentran con emociones negativas, suelen interpretar que lo externo es hostil con ellos.

• Se pueden quejar de todo lo que les pasa y de cómo se sienten, no centrando la atención en resolver los problemas y en cómo pueden mejorar su bienestar.

• Las dificultades que pueden tener, se alargan en el tiempo, dado que no suelen solventarlas de manera autónoma.

• No piensan que tengan control sobre su presente y su futuro.

• Creen que su bienestar o malestar depende de lo que sucede en el entorno.

• Su estado de ánimo puede fluctuar conforme las circunstancias van cambiando.

• Intentan no asumir responsabilidades y delegar la toma de decisiones en los demás.

• Pueden creer, precisamente, que los demás tienen el deber de solucionar sus problemas.

El victimismo se puede abandonar. El primer paso es la toma de conciencia, conocer cómo funciona nuestra manera de interpretar y los efectos que causa en nuestro estado emocional, en nuestras acciones y las de los demás.

Después se trabajan dichas ideas irracionales, se empieza a asumir la responsabilidad en la toma de decisiones y se aborda, finalmente, la resolución de problemas, además de la planificación de presente y futuro.

Fuente: Nosotras

RA

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