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Francia y la Gran Guerra: una victoria pírrica

Upata Digital | 7:28 a.m. | 0 comentarios

Agosto de 1914: Francia, atacada, entra en guerra con una deficiencia demográfica y económica. Al final, y tras pagar el precio de una verdadera hecatombe, logra alzarse vencedora de la que cree que es "la última de las últimas guerras".

Francia y la Gran Guerra: una victoria pírrica

Más resignado que entusiasta, el país entra en guerra con la conciencia de la diferencia de potencia con Alemania, pues Francia solo cuenta con 40 millones de habitantes, frente a los 65 del Reich.

Concentrado únicamente en el esfuerzo de la guerra, el país inicia una mutación industrial inédita. Gracias al abastecimiento que llegó de Estados Unidos, sufragado con petróleo y trigo, al trabajo de las mujeres y a la mano de obra extranjera, Francia acaba superando la producción alemana, que padece el bloqueo de los aliados.

"Francia produce más material militar en 1917 que durante los tres años anteriores sumados", apunta el historiador Michel Goya, excoronel del ejército francés.

También se dan muchas transformaciones sobre el terreno. Tras haber frenado la ofensiva enemiga en el río Marne, a unos 50 km de París, los franceses descubren la guerra de trincheras, "un fenómeno espontáneo provocado por la importante revelación de principios de la guerra: la potencia mortífera del fuego moderno (ametralladoras, cañones de tiro rápido...). Para combatir mejor, hay que enterrarse", señala Goya.

- Sufrimiento -

El conflicto da lugar a la figura del soldado valiente, robusto y desenvuelto, el "poilu", descendiente lejano del soldado napoleónico de la Vieja Guardia, en el centro de las conmemoraciones del centenario de la Gran Guerra. La consulta de los archivos militares en línea, la edición de compendios de cartas y de diarios del frente han tenido un gran éxito.

"La conmemoración de las grandes batallas ha interesado menos que las exposiciones sobre el día a día de los combatientes. Quienes vivieron el conflicto ya no están aquí, sus descendientes quieren comprender cómo pudieron hacer esta guerra hasta el final", analiza Annette Becker, profesor en la universidad Paris-Nanterre.

Pero, mientras que los estadounidenses homenajean a los héroes, los franceses prefieren a las víctimas, como los populares cómics de Jacques Tardi, que describen el barro de las trincheras, los piojos y los bombardeos de artillería.

Eso, a costa de olvidar las hazañas de Albert Roche, el soldado francés más condecorado de la Gran Guerra o el aviador René Fonck, con 75 victorias homologadas.

"En la actualidad, se tiende más bien a ser pacifista, esos héroes guerreros nos molestan de algún modo, preferimos hablar del sufrimiento de los combatientes ordinarios y de sus familias", subraya Annette Becker. "Ahora entendemos que lucharon con la idea de no volver a hacer la guerra. Fue eso lo que les permitió aguantar".

- 900 muertos diarios -

Aguantar y más. Cuando se firmó el armisticio, el 11 de noviembre, Francia, principal artífice de la victoria de los aliados, puede jactarse de contar con el mejor ejército del mundo, el más motorizado y el más innovador.

Y, sin embargo, 22 años después, este ejército se hundió en solo seis semanas frente a la Wehrmacht. En la memoria colectiva, la victoria en la Gran Guerra se borró completamente frente al desastre de junio de 1940.

¿Cómo se llegó a eso? La victoria de 1918 se obtuvo a un precio aterrador: toda una generación de hombres adultos quedó marcada. Casi 900 soldados franceses murieron cada día durante el conflicto. De los 8,5 millones de hombres movilizados, 1,5 millones perdió la vida, 800.000 fueron mutilados y 3 millones, heridos.

La tragedia alcanzó a todas las familias de Francia, como lo atestiguan las interminables listas de nombres en los monumentos a los muertos levantados en cada pueblo. Una hecatombe que engendró un trauma colectivo de consecuencias desastrosas.

¿Cómo se llegó a eso? La victoria de 1918 se obtuvo a un precio aterrador: toda una generación de hombres adultos quedó marcada. Casi 900 soldados franceses murieron cada día durante el conflicto. De los 8,5 millones de hombres movilizados, 1,5 millones perdió la vida, 800.000 fueron mutilados y 3 millones, heridos.

La tragedia alcanzó a todas las familias de Francia, como lo atestiguan las interminables listas de nombres en los monumentos a los muertos levantados en cada pueblo. Una hecatombe que engendró un trauma colectivo de consecuencias desastrosas.

Diezmado por lo que creyó que era "la última de las últimas guerras", convertido al pacifismo, el país recorta en gasto militar.

En Alemania, la derrota estimuló la investigación militar, especialmente la relacionada en los tanques y los aviones. El Estado Mayor francés, por su parte, intentó escenificar de nuevo el conflicto precedente, una guerra de posiciones en la línea Maginot.AFP

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