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“Gasté la quincena en un paquete de galletas para mi hijo”, cuenta docente

En Día del Trabajador


Como una cachetada. Así recibió Erika Peña la noticia del nuevo salario mínimo que entra en vigencia este viernes 1° de mayo, Día del Trabajador. Graduada hace 14 años del Pedagógico de Caracas y a punto de sacar un magíster, la educadora confiesa que ella y su hijo dependen económicamente de su mamá, que trabaja en el sector privado.
“Yo le he dicho que me disculpe, que esta etapa ya la habíamos superado. Que soy la que debería suministrar el dinero porque ella ya me crió, me dio todo”, cuenta.
Peña, de 39 años de edad, es docente IV en la escala del Ministerio de Educación. El pasado 25 de abril cobró 335.000 bolívares, que en esa fecha equivalía a 1,7 dólares aproximadamente en el mercado paralelo. El salario lo sumó al cestaticket o “cestatriste” como ella lo llama (Bs. 200.000). Con eso compró tres calabacines, cuatro papas, cuatro tomates, un kilo de sal y unas naranjas que le pidió su hijo, “que no llegaron a la docena”.
Su pago anterior, del 10 de abril, lo gastó en una recompensa para el adolescente. “La otra quincena la gasté en un paquete de galletas a mi hijo. Tanto que me las había pedido y sacó muy buenas notas, así que se las compré a 300 mil bolívares. Antes cuando tenía mayor poder adquisitivo podíamos ir al cine”, recuerda.
Ya que su salario como maestra de educación inicial “es una miseria”, relata que antes de que iniciara la cuarentena por el COVID-19 hacía otros trabajos. Por unas horas estaba encargada de la tienda de una amiga y también vendía algunos productos por su cuenta, como maquillaje.
“Ahora resulta que la tienda no va a abrir más porque los dueños se van del país. Eso me entristece porque era un ingreso seguro y mayor al del Ministerio”, señala.
A estas decepción se suma el saber que la formación de sus alumnos del preescolar, por instrucciones oficiales, se realiza por el programa Cada Familia una Escuela que transmite el canal del Estado, VTV. “Hubo un episodio que vi donde decían que iban a enseñar a contar y mostraban una mano con seis dedos… me ha parecido horroroso”, opina.
El pasado 27 de abril el ministro del Trabajo, Eduardo Piñate, dijo que el aumento del ingreso mínimo mensual (un salario mínimo de Bs. 400.000 y el cestaticket de Bs. 400.000 también) se aplicará en todas las tablas salariales de los funcionarios de la administración pública, incluido el magisterio.
Sin embargo, Peña no tiene muchas esperanzas: “¿Para qué va a alcanzar? Además cuando llegue va a estar sumamente devaluado”. Estimó que quizá juntando el ingreso del mes pueda comparar un cartón de huevos.

Resolver con los ahorros

Durante los primeros 20 días de la cuarentena en Venezuela, Edwin Nava no tuvo trabajo. En su casa, en El Junquito, resolvieron “con lo poquito que tenía guardado”. Todos trabajan por su cuenta: él como electricista, su hermano como carpintero y su mamá en casas de familia.
Sin embargo, en este contexto, narra que “la comida subió el triple y comenzamos a comprar solo lo necesario, lo que sirviera para rendir como arroz y harina”.
Por fortuna, hace dos semanas al joven de 24 años de edad le salió un trabajo. Una remodelación de un local en el municipio Chacao. Explica que él y un compañero cobran el 40% de lo que se gaste en total en los materiales necesarios para la obra, y que estos insumos suelen subir de precio cada vez que aumenta el salario mínimo. Ellos desde hace rato exigen el pago en dólares para resguardarse y evitar que sus ganancias se devalúen.
El aumento del salario es como una humillación. Yo le pago a un ayudante y si el cancelara eso no le alcanzaría ni para el pasaje”, opina sobre el monto que entre en vigencia a partir de este 1° de mayo, Día del Trabajador.
De El Junquito a Chacao y viceversa, Nava gasta unos 45.000 o 50.000 bolívares al día en el transporte público. “Mi hermano tiene moto, pero está parada por la gasolina”, dice. Por esta razón, tuvo que “sacrificar unas divisas para cambiarlas por soberanos” y así tener algo de efectivo.

“Un poquito más del mínimo”

Carmen Pacheco duda para estimar cuánto debería ser el salario mínimo en Venezuela en la actualidad. “Más o menos 5.000.000 o 6.000.000 bolívares, para medio comprar”, se atreve a calcular finalmente.
La mujer de 56 años de edad, que trabaja en una empresa de mantenimiento, gana salario mínimo para el cálculo de sus prestaciones sociales, pero al final percibe “un poquito más” porque le pagan un bono mensual adicional.
Sin embargo, es tajante al expresar que este aumento por el Día del Trabajador “es una burla”, porque en la quincena con Bs. 200.000 solo le alcanzará para una harina.
Para ahorrar en pasaje, todos los días baja del barrio José Félix Ribas en Petare hasta Palo Verde, para agarrar el Metro de Caracas. “Son 25 minutos de bajada, ya en la tarde de regreso me puedo tardar unos 45 o 50 minutos si vengo muy cansada, por el trajín”. Y es que para llegar al centro médico privado donde trabaja también debe caminar desde Chacaíto hasta Las Mercedes y viceversa.
Al volver a su hogar, y pese a la cuarentena para evitar la propagación del nuevo coronavirus, se encuentra con muchos vecinos en la calle, sin tapabocas, bebiendo, fumando y piensa que “hay mucha gente que no quiere ser responsable” y que todo eso también es “falta de gobierno”.
Pacheco vive con su hijo menor, de 26 años de edad, que también gana “un poquito más del mínimo”. Cree que con el salario de ambos, pueden comer pero no se alimentan como es debido.
“Yo crié a mis dos hijos sola. Les compraba de todo y me quedaba para sacarlos a un parque, a la playa o al cine”, rememora y nombra productos que hoy le son inaccesibles.
Por la disminución de su poder adquisitivo también lamenta que pudo ser una abuela más consentidora con sus tres primeras nietas. “Tengo un nieto de tres años y da dolor que no puedo comprarle un pan o una galleta… a mis hijos les compraba todos su útiles y a él no puedo comprarle ni un cuaderno porque no me alcanza”.
EfectoCocuyo.-

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