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Ciudad Guayana, un cementerio industrial que el régimen creó

Durante el trienio 1945 – 1948 se concibió la creación del proyecto ferro-siderúrgico y el plan de electrificación nacional, tal y como se encuentra plasmado en los canales de la Corporación Venezolana de Fomento (CVF), organismo creado para que coordinara estos proyectos.

En cuanto al proyecto ferro siderúrgico, trabajaron simultáneamente el Sindicato del Hierro, con capital privado nacional, conformado por emprendedores venezolanos y la planta SIVENSA, quienes se encargaron de producir acero con chatarra ferrosa. Diez años después, con la llegada definitiva al poder del dictador Marcos Pérez Jiménez (1958), el proyecto del sindicato del hierro desapareció por el afán de la dictadura de pasar todas las operaciones al control del Estado.

Pero, en la década de los 70 al llegar la democracia al país, se retomó la idea y la Fábrica de Tubos comenzó a elaborar tubos a partir de lingotillos importados, hasta el momento en que se produjo la primera colada de acero con hierro sustraído del subsuelo venezolano y se procesó en sus diferentes trenes de laminación y la trefilería existente para la época.

A partir de ese momento, se construyó la planta de tubos centrifugados, la planta de productos planos y el ambicioso Plan IV. La década de los 70 fue un reto para los gobiernos de la democracia que confiaron en profesionales de primera línea para lograr sus objetivos. También se construyó el complejo del aluminio: Interalumina, Venalum, Bauxilum, Carbonorca, Alcasa, entre otros que se convirtieron en un verdadero emporio industrial.

Sin embargo, con la llegada de la revolución del siglo XXI, se fue dando un deterioro progresivo de la infraestructura industrial al no realizarse las inversiones adecuadas, ni ejecutarse las conciliaciones tecnológicas requeridas para el momento. Fue un plan ex profeso, perverso y letal de destrucción industrial.

El balance después de 20 años de revolución de pacotilla, es desastroso. Se han perdido más de 60 mil empleos directos, 200 mil empleos indirectos han desaparecido, nuestros mejores técnicos tuvieron que emigrar y los pocos trabajadores que aún persisten, viven en la miseria.

Al no tener nada que producir, el régimen chavista – madurista decidió chatarrear las empresas básicas de Ciudad Guayana para venderlas como material de exportación y satisfacer la voracidad de algunos bolsillos gubernamentales, lo que ha causado inestabilidad e incertidumbre en ell capital de la región y los trabajadores.

Hoy, Guayana es un cementerio industrial que lucha por renacer de sus cenizas. Sin embargo, la gran enseñanza es la demostración que el Estado es mal empresario y los trabajadores tenemos la responsabilidad de impulsar la erradicación de este modelo corrupto, centralista y populista, para que venga un gobierno liberal que crea en el potencial de la gente, en la iniciativa privada y cree las condiciones para un desarrollo armónico de la región.

Por José Luis Alcocer

Comisionado Laboral Estadal – Vente Bolívar.

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