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La exitosa fábrica de ilusiones ópticas de Leandro Erlich en Buenos Aires

Sobre un terreno de 280 metros cuadrados oculto por una gruesa puerta metálica funciona en Buenos Aires el taller de Leandro Erlich, el artista conceptual de mayor proyección internacional de Argentina, cuya obra se expone actualmente en el Museo Mori de Tokio.

La exitosa fábrica de ilusiones ópticas de Leandro Erlich en Buenos Aires

Las enormes instalaciones que caracterizan su trabajo y que convocan a miles de visitantes en museos de América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia salen de un edificio de tres plantas en el barrio de Villa Crespo.

Botes que navegan sin estar sobre el agua, piscinas dentro de las que caminan personas perfectamente vestidas y secas, ascensores cuyos espejos no reflejan la imagen de quien entra, fachadas de edificios en las que queda adherido el visitante e incluso la punta cercenada del obelisco de Buenos Aires forman parte del material de su obra, desarrollada a lo largo de 25 años.

"He trabajado en video, en esculturas, fotografía, instalación por supuesto. La idea de arte conceptual es suficientemente amplia como para abarcar las diferentes expresiones", relata Erlich sobre los formatos de sus obras, verdaderas experiencias inmersivas que alteran la percepción de lo real.

El secreto del éxito

La obra de Erlich es elogiada por la crítica y admirada por el público. "Erlich apunta a que el visitante tenga una percepción sensible y no solo intelectual. Propone vivir una experiencia, como cuando se va al teatro", explica Andrés Duprat, director del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.

"Sus obras perforan no solo el pequeño y endogámico mundo del arte, sino que van más allá, conectando con un público mayor. No es alguien que haga trucos, porque el truco lo muestra. Cuando uno decodifica la situación empieza el goce de su obra, que suscita la reflexión", refiere Duprat.

El éxito de sus proyectos que juegan con la ilusión óptica y las percepciones acústicas le permite a este artista de 44 años llevar adelante nuevas propuestas que involucran a diario a un grupo de talleristas y diseñadores industriales.

El equipo que lo acompaña "se fue formando en la medida que se fue requiriendo. Hace 15 o 16 años hacía uno o dos proyectos al año. Ahora cuatro, más la producción de obras", explica.

Alrededor del mundo

Un total de 44 piezas, la mayor parte del trabajo de Erlich, forman parte de la exposición "Seeing and Believing" en el Museo Mori de Tokio, que estará hasta el 1 de abril y que ya ha sido visitada por 400.000 personas.

"Es una satisfacción muy grande que lo que uno hace sea bien recibido y que se generen oportunidades para seguir desarrollando el trabajo. La realidad es que en mi práctica presento siempre proyectos muy difíciles de llevar a cabo", dice el artista.

En el Museo de Arte del Siglo XXI de Kanzawa, también en Japón, quedó como instalación permanente su obra Swimming Pool (1999).

Antes expuso en la Bienal de Arte de Venecia (2005), en el Museo Reina Sofía de Madrid (2008), en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (2008) y en el Centro Georges Pompidou de París (2011), entre otros.

Y en los meses recientes, la tienda parisina Bon Marché alojó una intervención suya que simula un nudo gigante hecho con las escaleras mecánicas.

Desde el sur

Erlich comparte su tiempo entre Buenos Aires y Montevideo, donde consigue "la distancia" necesaria para trabajar.

"Viví muchos años fuera de Buenos Aires: cinco años en Estados Unidos, cinco años en Francia, antes de volver a Sudamérica", recuerda.

"Montevideo es una ciudad que me inspira mucho porque hay un carácter reflexivo. Me cuesta mucho trabajar en lugares en que el estímulo, el ruido es tan grande", refiere, al reconocer que aunque "el mundo se ha globalizado", él posee "un universo que indudablemente es muy rioplatense".

De allí su propuesta de deconstrucción del obelisco de Buenos Aires, referencia icónica de la ciudad.

El obelisco por dentro

En 2015, Erlich le "quitó" la punta al Obelisco ubicado en la avenida 9 de julio y la "trasladó" a las puertas del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), donde durante seis meses miles de visitantes pudieron apreciar una presentación multimedia en su interior que permitía disfrutar además de una vista aérea de la ciudad.

En realidad, el ápice del obelisco fue cubierto y lo que se mostró en el Malba fue una reproducción a escala real intervenida.

La exposición se tituló La democracia del símbolo. "La idea fue que la gente se apropiase del monumento", señala, al explicar que el obelisco, una obra de 1936 del arquitecto Alberto Prebisch, es de los pocos referentes icónicos de la ciudad que no puede ser visitado.

Pero ante el éxito indiscutible, Erlich asegura que en su obra "nunca el punto de partida fue obtener el reconocimiento. El punto de partida fue la pasión que siento por estos desafíos, por poder expresar mis ideas. Uno lo hace con un convencimiento que va más allá de la respuesta". AFP / RA

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