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LVL: La abstención se ha vuelto contra la oposición y eso hace que el Gobierno esté protegido

La Venezuela movilizada, dividida radicalmente en dos, polarizada y en la calle es hoy cosa del pasado. En las calles del país caribeño pesa, esencialmente, la desidia en una población que, según dicen las encuestas, quiere un cambio pero que no encuentra a un líder que responda a su anhelos.

Cuando los venezolanos acudan a las urnas el próximo 21 de noviembre para elegir a alcaldes y gobernadores, quedará muy atrás la imagen de 2013, la más polarizada de la historia reciente venezolana.

En ese año, Nicolás Maduro ganó la Presidencia a Henrique Capriles por apenas 220.000 votos y se desataron múltiples denuncias de fraude.

También son muy lejanas las escenas de manifestaciones como las de 2014 y 2017, cuando la oposición, en su mejor posición desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, llenó las calles de protestas y arrasó en las Legislativas de 2015. Más aún, las vividas cuando Juan Guaidó se proclamó presidente interino en 2019.

Hoy, los líderes opositores reconocen en privado que si hacen una convocatoria pública de protesta, pese al rechazo mayoritario al Gobierno de Maduro, apenas serán unos pocos fieles los que respondan al llamado.

Tres de cada cuatro venezolanos quiere cambio

El presidente de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, explica que, según sus estudios, «el 76 % de la población quiere un cambio», lo que supone que «tres cuartas partes de los venezolanos son opositores a Maduro».

No obstante, agrega que «los actores representativos de ambos bandos» -que son, desde 2019, Maduro y Guaidó- están prácticamente empatados en términos de aprobación popular, el mandatario con un 14 % y el opositor con un 16 %, lo que considera «absolutamente insólito».

La situación se extiende entre los líderes antichavistas, que han mostrado su incapacidad para capitalizar ese rechazo, pero ninguno de ellos supera el 20 %, según la última encuesta de la que dispone León, elaborada en octubre pasado.

«No hay nadie que despunte dentro de ese proceso, lo cual es, por un lado, terriblemente negativo y, por otro lado, un campo de cultivo fértil para surgimiento de los outsiders», comenta.

En este contexto, llegan las elecciones locales y regionales a las que acude la oposición por primera vez desde 2017. Lo hace completamente descabezada, sin un gran líder al que seguir -algo que se antoja casi indispensable en Venezuela- y con una sociedad que espera más de lo que recibe.

¿Quién puede convencer a esa mayoría que quiere cambio de que debe acudir a las urnas o a las calles? No será Guaidó, quien llegó a disfrutar de unas cifras de apoyo que rondaban el 61 % en enero de 2019, aunque León matiza que era una popularidad prestada.

«Guaidó no era popular por (ser) Guaidó, en realidad casi nadie sabía quien era (…) él se hace popular porque genera la esperanza de que puede producir un cambio (…) No es un líder, es un satélite que refiere la expectativa de que se puede resolver un problema», afirma.

¿Cómo se expresa esa mayoría silenciosa?

Son dos terceras partes del país y no salen a las calles, entonces, ¿acudirá esa mayoría silenciosa que rechaza a Maduro a las urnas? Según los datos recabados por León, que advierte que «es muy difícil con encuestas proyectar la participación», estima que entre el 35 y el 40 % del censo acudirá a votar.

León comenta que, hasta el momento, el mecanismo de expresión de esa mayoría silenciosa que está en contra del Gobierno de Maduro ha sido la abstención, una estrategia que ha puesto en marcha la oposición y que ahora se ha vuelto en contra del bloque antichavista.

«Eso hace que el Gobierno esté protegido porque quien puede ser su enemigo es la concentración del voto, la unidad y la participación», afirma.

Por si fuera poco, las múltiples fracturas entre la oposición llevan a la gente a pensar que «estos imbéciles, otra vez son incapaces de entender el reto que tienen», apostilla.

«Los abandonan porque los sienten completamente inadecuados y ocurre lo que estamos viendo hoy y es que se divorcia la gente de la política. No saben ni quienes son los candidatos (a las elecciones) y las búsquedas de noticias son económicas, de infraestructura o vacunas. La política es absolutamente marginal en la mente de los venezolanos», concluye.

Un divorcio en una sociedad que, hace no mucho, llenaba las calles, se movía por la política y hablaba de ella casi a diario. Una separación que ha transcurrido por la vía la decepción y el desencanto hasta llevar a casi 30 millones a la desinterés absoluto, cuando no al rechazo abierto. 

EFE

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